5 de Febrero

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Día 5.

"...que debemos precipitar nuestra marcha hacia la frontera, y romper el cerco en el caso de que nos dejen pasar, puesto que en pocas horas van a estar aquí. Debemos darles crédito ya que nuestros ojos pueden ya ver como la aviación hace sus raids cada vez más a la frontera..."

Corre la voz de que Gerona cayo en poder de los fascistas. Inútil decir el nerviosismo que vive en cada uno y sobre todo en las mujeres. Las noticias no pueden ser más alarmantes.

Desde lo alto de la montana podemos observar allá lejos, grandes montanas de humo y oír cañonazos, bombardeos…En menos de media hora, quince aparatos han bombardeado Figueras por seis veces consecutivas. Dícese que estos criminales bombardeos han ocasionado mas de cuatrocientos muertos. Nosotros inspeccionamos la frontera por distintos sitios. Aquello es como un racimo de uva. Toda la gente apiñada, la mayoría con o sin mantas, tirados por el suelo.

Llegan unos compañeros diciéndonos que debemos precipitar nuestra marcha hacia la frontera, y romper el cerco en el caso de que nos dejen pasar, puesto que en pocas horas van a estar aquí. Debemos darles crédito ya que nuestros ojos pueden ya ver como la aviación hace sus raids cada vez más a la frontera. Hasta el extremo que un canon antiaéreo francés hace varios disparos advirtiendo a la aviación francesa que no se acerque más. Así lo comprendemos y son los comentarios.

Una compañera, esposa de M.., se decide pasar a Francia para explorar el terreno. Tiene familia en Francia y quiere saber si habrá posibilidad de, entre la familia, cobijar a alguien más de entre nosotros. Para el viaje y gastos imprevistos yo le doy quinientos francos de los mil quinientos francos que tengo.

Abandonamos la casa, descendiendo de la montana para nuevamente ocupar el autobús Laffly que, desde hace ocho días, está allí parado. El comandante de recuperación que nos obligo a abandonarlo desistió en hacerse cargo de él. Pero nos falta gasolina. Aprovechamos la ocasión de que un coche está parado y sus ocupantes durmiendo para sacarle diez o doce litros de gasolina. ¡ A donde se llega en esa retirada trágica de los españoles!
Son las nueve de la noche.
Cada uno con lo que puede cargar. Los niños duermen pero es necesario partir. Estamos pues, instalados de nuevo en nuestra casa ambulante. Los coches y camiones van saliendo carretera arriba más que repletos de cargo humana. Minuto que pasa, tiempo que empeora. Surge al momento el obstáculo imprevisto, grave, y con ello la alarma en todos. El coche no se pone en marcha. Ningún camión ni coche se atiene a razones para remolcarnos quince o veinte metros. Cada hombre al volante de un vehículo se siente nervioso por llegar el primero a la frontera. Por fin, después de más de dos horas, unos compañeros decididos a obligar a parar algún coche de aviación, y logramos ser remolcados. Así doscientos metros y el Laffly no se pone en marcha.

Con gran sentimiento y mas que esto aun, con la gran preocupación que cabe suponer, decidimos abandonar el autobús tan pronto tengamos ocasión de reintegrarnos a otro camión o lo que sea. Nos encontramos pues al vaivén de unas circunstancias que se agravan por momentos. Menos mal que la frontera no esté lejos y estamos dispuestos a ganarla a pie.

Somos veintidós entre hombres, mujeres y niños, pues para bien de todos, algunos se han decidido a dejarnos. El tiempo es fresco, son las doce de la noche y menos mal que estamos bajo techo.

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